El trigo paga la retención más baja de todos
Desde junio de 2026 el trigo y la cebada tributan 5,5 % de derecho de exportación, bajados desde 7,5 %. Es la alícuota más baja de los granos y no entra en el cronograma mensual del Decreto 423/2026, que arranca en enero de 2027 para los cultivos de verano: el trigo ya bajó y quedó ahí.
El par publicado para embarque de agosto de 2026 fue de USD 246 de FOB contra un FAS teórico de USD 204 por tonelada. En el disponible de Rosario Norte, al 26 de agosto, el trigo se operó a $338.871 por tonelada, que al dólar del mismo informe son unos USD 224.
Una alícuota baja sobre un cultivo de invierno tiene un efecto que se subestima: mejora el resultado del año sin competir por la ventana de la soja de primera, porque ocupa la hectárea cuando si no estaría quieta.
La soja de segunda rinde menos y es la que cierra la cuenta
La soja de segunda se siembra después de cosechar el trigo, con menos días de ciclo por delante y con el suelo ya trabajado, así que rinde bastante menos que la de primera. Eso no la vuelve un mal negocio: la cuenta correcta suma las dos cosechas y las compara contra una sola.
El error de lectura habitual es mirar la soja de segunda sola y descartarla por rinde bajo. Lo que se decide no es trigo o soja de primera: es un año con dos cosechas contra un año con una, y el segundo término de la comparación también tiene sus costos.
En la campaña 2025/26 la Bolsa de Cereales registró en el NOA y en la región del norte de La Pampa y oeste de Buenos Aires los mejores rindes de toda su serie histórica, tanto en soja de primera como de segunda. Las zonas que no son núcleo tuvieron una campaña muy buena, y eso conviene tenerlo presente antes de proyectar con ese dato.
Por qué el doble cultivo sube el valor de la hectárea
Un campo que admite doble cultivo produce dos veces por año sobre la misma superficie, así que su ingreso anual por hectárea es estructuralmente mayor. Como el valor de la tierra es el valor presente de lo que produce, ese campo vale más, y la diferencia no es marginal.
También cambia el perfil de riesgo, y esa mitad casi nunca se dice. Dos cosechas en el año reparten la exposición climática en dos momentos distintos: una seca de enero se lleva la soja y deja el trigo, que ya está en el silo. Un campo con dos cosechas tiene rindes menos variables, y menos variabilidad es más valor con el mismo promedio.
La condición para que el doble cultivo funcione es el agua, y el agua es una propiedad del lugar. Por eso el mismo planteo cierra en la zona núcleo y no cierra a doscientos kilómetros al oeste, donde el trigo se lleva el agua que iba a necesitar la soja.
Cómo se ve esto en un arrendamiento
Los márgenes de la campaña 2026/27 se calcularon sobre campo alquilado a 16 quintales por hectárea, con rindes de tendencia y precios del mercado a término para la época de cosecha. Ese es el orden correcto de una proyección: rinde de tendencia y no el de la mejor campaña, precio a término y no el spot del día.
Un campo con doble cultivo soporta un arrendamiento más alto en quintales, y por eso los alquileres más caros de Córdoba están en el este y el sudeste, donde el planteo cierra. La guía de cómo se fija un arrendamiento explica por qué la unidad son quintales y no pesos.
Para poner un número sobre tu propio lote, el tasador de campos desagrega el valor por hectárea por departamento en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, que es donde el doble cultivo se hace en serio.