Qué propone, en cuatro líneas
Primero un colchón chico, para que la primera rotura no te mande de vuelta a pedir prestado. Después todas las deudas, de a una y de menor a mayor saldo, mientras al resto le pagás el mínimo. Con las deudas afuera, el colchón crece a varios meses. Recién ahí, ahorro para el retiro y adelantar la hipoteca.
Ordenar por saldo y no por tasa es peor en la planilla, y Ramsey lo dice. Lo elige igual porque cerrar una deuda en seis semanas hace que la persona siga.
Ahí tiene razón, y es lo mejor del método. Un plan óptimo que abandonás en marzo rinde cero.
Los cuatro supuestos que nunca se enuncian
El método está bien armado para un país. Ese país tiene cuatro características que acá no se cumplen, y ninguna aparece escrita porque para quien vive allá son el aire.
La moneda conserva su valor: mil dólares en una caja de ahorro valen casi lo mismo en dos años. Acá esa frase con pesos adentro describe un objeto que se derrite.
El ingreso es un número conocido que llega cada quince días. El monotributista que factura distinto todos los meses no tiene ese número, y el presupuesto le falla en el primer mes flojo.
Las tasas se mueven en un rango angosto. Allá la diferencia entre deuda cara y barata son quince puntos; acá, entre el saldo de una tarjeta (ver en el glosario) y una línea subsidiada hay más de cien.
Y hay vehículos de retiro con ventaja impositiva que el empleador acompaña. Buena parte de los pasos finales consiste en llenarlos. Acá ese objeto no existe con esa forma.
Lo que sirve igual, y es bastante
La secuencia. Una cosa por vez, con un criterio para saber cuándo terminó. Ahorrar un poco, pagar un poco de cada deuda y mirar una inversión al mismo tiempo produce tres frentes que no se mueven, y lo que no se mueve se abandona.
El colchón antes de la deuda. Suena al revés y es correcto en cualquier moneda: sin nada guardado, la primera urgencia se paga con tarjeta y todo el esfuerzo vuelve a cero.
Una deuda por vez. Cerrar una libera su cuota entera para la siguiente, y esa cuota liberada es lo que hace que el plan acelere solo.
Y el foco en el comportamiento. La plata se decide con la cabeza cansada, a las once de la noche. Un método que asume una persona racional describe a un cliente que no existe.
Lo que se rompe acá
El colchón como cifra fija. Mil dólares significan algo concreto allá. En pesos, deja de significarlo a los pocos meses. Se mide en meses de gastos: acá está la versión larga (leer la guía: Un fondo de emergencia que no se derrita en el cajón).
El orden por saldo. Una deuda a tasa fija por debajo de la inflación se licúa sola (ver en el glosario), y adelantarla es tirar plata. Empezar por la más chica mientras la tarjeta corre a tres cifras cuesta más de lo que el método te ayuda a ahorrar. Acá el orden se arma por tasa real (ver en el glosario), y lo desarmamos en su propia guía (leer la guía: En qué orden pagar tus deudas cuando hay inflación).
El rechazo total a la tarjeta. En promedio Ramsey tiene razón: la tarjeta hace gastar más. Pero doce cuotas fijas sin interés (ver en el glosario) con inflación de dos dígitos son un descuento real, porque la última cuota se paga con pesos que valen menos. Tirar la tarjeta por principio es pagar de más por convicción. La trampa está en el pago mínimo (ver en el glosario), y ahí sí tiene toda la razón.
El porcentaje al retiro. Supone fondos que existen, rinden y nadie te toca. Acá la conversación es otra: la tenemos acá (leer la guía: Dónde empieza a invertir alguien que recién salió de deudas).
Y adelantar la hipoteca, que es el consejo que peor viaja. Una cuota a tasa nominal fija se abarata sola todos los meses. Adelantarla es cancelar la única deuda que juega a tu favor. Si está en UVA (ver en el glosario) la respuesta se da vuelta, así que mirá cuál tenés: la calculadora (Abrir la calculadora) te muestra cuánto de cada cuota es interés y el comparador (Abrir el comparador) con qué unidad trabaja cada banco.
Por qué igual conviene leerlo
Lo que no viaja son los números. La arquitectura sí, y es la parte difícil de inventar.
Casi todo el contenido de finanzas personales en castellano es una lista de consejos sueltos: hacé un presupuesto, gastá menos, ojo con la tarjeta. Todos ciertos, ninguno accionable, porque no dicen en qué orden ni cuándo pasás al siguiente.
Nos quedamos con la fila y le cambiamos el contenido. Esa es la guía que sigue (leer la guía: El orden de la plata: siete pasos pensados para acá).