Por qué una cuota fija se abarata sola
Una cuota sin interés es un precio fijo en pesos repartido en el tiempo. Si los precios suben mientras pagás, la última cuota se abona con pesos que valen menos. Nadie te descontó nada: lo hizo la inflación.
Un producto de 1.200.000 en doce cuotas de 100.000, con inflación del 3 % mensual. La cuota doce, medida en poder de compra del día uno, equivale a unos 70.000. Sumadas las doce, pagás del orden de 1.000.000 y no 1.200.000: un 17 % menos que el precio de lista.
Y hay una segunda mitad: la plata que no gastaste hoy queda rindiendo. Si en vez de pagar al contado la dejás en un instrumento a tasa mientras las cuotas salen, ese rendimiento también es tuyo.
La condición, que es una y es la difícil
Todo lo anterior vale si la plata está. Si el día de la compra tenés los 1.200.000 y elegís pagar en cuotas para que rinda, ganaste. Si no los tenés y las cuotas son la forma de acceder a algo que no podías comprar, la cuenta no describe tu situación.
En el segundo caso las cuotas no compiten contra un plazo fijo: compiten contra tu capacidad de pago futura, que ya está comprometida. Y cuando llega un mes malo, la cuota fija se paga con el saldo financiado, que es la deuda más cara que existe. Ahí el 17 % que ganabas se lo lleva un interés de tres cifras en dos meses.
Sin vueltas: las cuotas sin interés son una buena herramienta financiera y una pésima forma de acceder a lo que no podés pagar. Lo que decide cuál de las dos te toca es si la plata estaba antes de comprar.
- Tenías la plata y elegís cuotas: conviene, y la diferencia es medible.
- No tenías la plata: es deuda, y se trata como deuda.
- Venís arrastrando saldo financiado: la cuota nueva se suma a la deuda más cara que hay.
La suma de cuotas, que es el riesgo real
Una cuota es fácil de evaluar. Siete cuotas simultáneas de siete compras distintas son un compromiso mensual que casi nadie tiene sumado.
Hacé la prueba: sumá todas las cuotas comprometidas para los próximos tres meses y dividí por tu ingreso del peor mes. Arriba del veinte o veinticinco por ciento, el próximo mes flojo lo cubrís con financiación y se terminó la ventaja.
Y mirá el resumen con una pregunta puntual: cuánto de lo que pagás este mes corresponde a compras que ya ni recordás. Es el síntoma más confiable de que dejó de ser una herramienta.
Las que dicen sin interés y tienen interés
El precio de lista inflado. Si al contado sale un veinte por ciento menos, eso no es una promoción de cuotas: es un recargo con otro nombre. Comparalo contra el precio de contado real, con descuento por transferencia incluido.
Los gastos administrativos por cuota, que aparecen en el resumen y no en la vidriera. Convertidos a tasa, pueden ser significativos.
Y el seguro agregado al plan, que suele venir tildado por defecto. Ninguna de las tres es ilegal y las tres cambian la cuenta, así que mirá el costo financiero total: acá está cómo leerlo.
Si estás comparando la financiación de una compra grande contra un crédito, las tasas de préstamos personales son la referencia para saber si la cuota del comercio es realmente gratis.
Qué hacemos nosotros
Usamos cuotas fijas para compras planificadas, con la plata apartada de antemano y rindiendo, y pagamos el resumen entero todos los meses. Con esas dos condiciones la cuota es un descuento y no hay motivo para renunciar a él.
Y sostenemos la otra mitad con la misma convicción: si el resumen no se paga entero, la única jugada buena es apagar el saldo antes que cualquier otra cosa. Lo que cobra cada banco por financiar está publicado, y ver el número suele alcanzar como argumento.