El orden de las preguntas
Casi todo el mundo llega preguntando qué rinde más. Es la última de las tres, y contestarla primero es lo que produce las malas decisiones.
Primera: cuándo vas a necesitar esa plata. Elimina la mitad de las opciones sola. Lo que necesitás en seis meses no puede estar en algo que puede valer menos en seis meses, por bueno que sea su promedio de diez años.
Segunda: cuánto podés perder sin cambiar de plan. No cuánto tolerarías en teoría, cuánto podés ver caer en pantalla sin vender.
Recién ahí el instrumento, y a esa altura la lista ya es corta.
Lo que hay, con su contra
No es una lista de recomendaciones ni está ordenada por preferencia. Es el mapa, cada cosa con la desventaja que se omite cuando alguien la promociona.
Plazo fijo: simple, con seguro de garantía de los depósitos hasta el tope vigente y número conocido de antemano. Su contra es que puede rendir por debajo de la inflación, y ahí conserva pesos y pierde poder de compra. Las tasas por entidad tienen más dispersión de la que se supone.
Plazo fijo UVA: ajusta por índice más una tasa, así que apunta a conservar poder de compra. Su contra es la liquidez: plazo mínimo más largo y precancelación que paga menos. La calculadora lo compara y los índices están publicados.
Fondos money market: rescate rápido, entrada baja, sin plazo. Su contra es que siguen a las tasas cortas, así que cuando la tasa real es negativa el fondo también. Buen lugar para la capa líquida, no una estrategia de largo plazo.
Letras y bonos del Estado: permiten fijar un rendimiento a un plazo, con variantes ajustadas por índice y por tipo de cambio. Contra doble: hay riesgo del emisor, que acá no es teórico, y el precio se mueve si vendés antes del vencimiento. La calculadora de bonos muestra el rendimiento al precio de hoy.
Moneda extranjera: cubre el riesgo de que tus gastos futuros no estén todos en pesos. Su contra es que no rinde por sí misma y que entrar y salir cuesta. Como cobertura sirve; como plan de crecimiento, es guardar.
Renta variable, local o vía certificados que representan acciones del exterior: es la que puede crecer por encima de todo lo anterior en plazos largos. Su contra es la que hace que la mayoría no la sostenga: puede caer mucho y quedarse abajo años. Es plata a diez años, no a dos.
Por qué gana un plan aburrido
Lo que más plata le cuesta a quien empieza no es elegir mal el instrumento: es cambiar de plan cada vez que algo se mueve. Entrar tarde en lo que subió y salir tarde de lo que bajó es una máquina de perder que funciona con cualquier instrumento.
Un monto fijo, con la misma frecuencia, siempre. Elimina la decisión de cuándo entrar, que es la que nadie acierta de forma sistemática, y hace que compres más cuando está barato sin que tengas que saber cuándo lo está.
La otra mitad es no depender de que una sola cosa salga bien. En un país donde las reglas cambian, eso vale más que el promedio internacional.
Comparar contra el número correcto
Un rendimiento del 60 % anual suena excelente. Con inflación del 90 %, perdiste veinte por ciento de poder de compra en un año de haber ganado plata en pesos.
Es donde más se confunde quien empieza, porque el estado de cuenta muestra un número que sube. La comparación honesta es contra la inflación del período, y contra ella la mitad de los instrumentos conservadores empatan o pierden.
Eso no los hace inútiles: para el fondo de emergencia, empatar es el objetivo. Lo que sí hace es que no sirvan como plan de crecimiento, y confundir las dos funciones es la forma más común de terminar decepcionado con algo que estaba cumpliendo su tarea.
Cuatro chequeos antes de la primera operación
Ninguno lleva más de un rato y evitan la mayoría de los malos comienzos.
- Que la entidad esté registrada y supervisada, y no sea un intermediario que no figura en ningún lado.
- Qué te cobran: comisión de compra, de venta, de administración y de mantenimiento.
- En cuántos días tenés la plata de vuelta si la pedís, y con qué penalidad.
- El tratamiento impositivo de lo que vas a comprar, porque cambia lo que te queda.
Lo que promete demasiado
En un país acostumbrado a la inflación, cualquier cosa que prometa un rendimiento alto y fijo consigue público. La regla no falla: un rendimiento muy por encima de lo que paga el sistema formal, garantizado y sin volatilidad, es la descripción de un fraude.
Las señales son siempre las mismas: urgencia para decidir, comisiones por traer conocidos, una entidad que no figura en ningún registro, y la imposibilidad de explicar de dónde sale el rendimiento en una oración que se entienda.
Para tener la referencia de lo que paga el sistema formal, mirá las tasas de referencia y lo que ofrece cada entidad.